“Un ave como tú viaja con mangos,
Pero con miedo, viajas con mangos.
Pero con los huesos rotos, viajas con mangos.
Pero con recuerdos que no te dejan respirar porque
al final son chiflidos que escucho. Pero viajas, viajas
con mangos que a veces quisiéramos verlos en el
mar.
A veces quisiéramos, durante el vuelo atravesando
el Atlántico, encontrar uno flotando.
Sería como encontrar el mango en el mar, como encontrar el oro en la montaña.
Vaya, qué tontería de encontrar oro en el mar, qué
tontería es atravesar el mar y qué tontería es pensar
en oro o aún pior pensarnos atravesar el mar.
Quizá... si como mangos como tú podría evitar tus
silbidos.
Quizá los silbidos serían mis pies, mis guías, mis
amantes, mis paisajes o mis propias aves.
Quizá
me he perdido en ti, ya no es el mar, ahora son tus
pupilas dilatadas donde me veo, donde veo el hoyo
de la tierra donde se quema la basura, la mala hierba, las cazuelas de barro, el adobe, los huesos, las
esperanzas y todo lo que sea posible para elevar y
olvidar.”